Kodama S, Tanaka S, Saito K, Shu M, Sone Y, Onitake F et al. Effect of Aerobic Exercise Training on Serum Levels of High-Density Lipoprotein Cholesterol: A Meta-analysis. Arch Intern Med 2007; 167: 999-1008. R TC (s) PDF (s)
El colesterol HDL bajo es un factor de riesgo independiente para la cardiopatía isquémica, por lo que se considera que tener unos valores elevados es un objetivo deseable. En estudios transversales se ha encontrado una relación inversa entre los niveles de ejercicio físico y de colesterol HDL. Sin embargo, los resultados de los estudios longitudinales han sido contradictorios.
Revisar sistemáticamente la literatura para estimar el mínimo nivel de ejercicio aerobio requerido para aumentar los niveles de colesterol HDL, determinar la modalidad de ejercicio más efectiva e identificar los sujetos que más se pueden beneficiar del ejercicio para esta finalidad.
Tipo de estudio: Metaanálisis
Área del estudio: Tratamiento
Ámbito del estudio: Comunitario
Se llevó a cabo una búsqueda en MEDLINE y en las listas de referencias de los artículos localizados para identificar los ensayos clínicos publicados en inglés entre 1966 y 2005 sobre la relación entre el ejercicio físico y los niveles de colesterol HDL.
Los criterios de inclusión fueron: que estudiasen el efecto del ejercicio aeróbico en adultos, que informasen del nivel de colesterol HDL al inicio y al final del estudio, un periodo de entrenamiento de ≥8 semanas, inclusión de un grupo de control y de un grupo de intervención. Se excluyeron los estudios que valoraban el efecto de intervenciones complejas (con otras medidas de estilo de vida), los que se llevaron a cabo en pacientes con enfermedades cuyo tratamiento pudiese influir en el efecto del ejercicio y los que no proporcionaban suficientes datos como para calcular la intensidad del ejercicio.
Se recogieron datos sobre la duración de las sesiones de ejercicio y la frecuencia y la intensidad de las mismas en términos absolutos (MET) y relativos (proporción de la capacidad aeróbica máxima).
Se incluyeron en el estudio 25 publicaciones que recogían los resultados de 35 estudios con un total de 1.404 participantes. La duración media de la intervención fue de 27 semanas. La edad media de los participantes en los estudios osciló entre 23 y 75 años. La calidad media de los trabajos fue baja (1,5 puntos sobre 5). La frecuencia media de las sesiones de entrenamiento fue de 3,7 a la semana, con una duración media de 40 minutos y un consumo calórico semanal de algo más de 1.000 kcal.
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Los niveles de colesterol HDL aumentaron más en las personas asignadas al grupo intervención que en las del grupo control (media 2,53 mg/dL; IC95% 1,36-3,70). Cuando se estratificó el análisis en función del tiempo semanal dedicado al ejercicio y el consumo calórico semanal, las diferencias sólo fueron significativas en el segmento superior (>120 minutos/semana y >900 Kcal/semana respectivamente).
El factor que más influyó en la variación del colesterol HDL tanto en el análisis univariante como multivariante fue la duración de las sesiones de ejercicio, mientras que la frecuencia no tuvo ninguna incidencia sobre el mismo.
En cuanto a las características individuales de los participantes, los factores predictivos de la respuesta más importantes en el análisis multivariante fueron un colesterol total elevado y un IMC bajo.
Los autores concluyen que el entrenamiento regular aumenta discretamente los niveles de colesterol HDL y que los factores que más influyen en los resultados son la duración de las sesiones de entrenamiento, el IMC inicial y el colesterol inicial elevado.
Ninguno declarado. Financiado por el Ministerio de Sanidad de Japón.
Los niveles de colesterol HDL muestran una relación inversa con el riesgo de padecer una cardiopatía isquémica, de forma que se considera que por cada 1 mg/dL de incremento del colesterol HDL, el riesgo de infarto de miocardiio disminuye en un 6%. Este estudio demuestra que el ejercicio aeróbico incrementa moderadamente sus niveles.
Por otro lado, para una misma cantidad total de ejercicio semanal, era más importante la duración de la sesión que su frecuencia y los efectos eran mayores si el colesterol total estaba elevado y la persona no tenía sobrepeso.
Otras medidas que aumentan los niveles de HDL son la disminución de peso en obesos, el abandono del hábito tabáquico, la dieta rica en ácidos grasos poliinsaturados (aceite de oliva, pescado azul, frutos secos) y el consumo moderado de alcohol. El ácido nicotícnico y los fibratos son los fármacos que más incrementan los niveles de colesterol HDL, pero hoy en día no existe consenso sobre que los pacientes con niveles bajos de HDL deban recibir tratamiento farmacológico, puesto que no se dispone de ensayos clínicos que hayan demostrado que los tratamientos dirigidos a incrementar sus niveles hayan producido una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Manuel Iglesias Rodal. Correo electrónico: mrodal@menta.net.
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