Elmer PJ, Obarzanek E, Vollmer WM, Simons-Morton D, Stevens VJ, Young DR, et al for the PREMIER Collaborative Research Group. Effects of Comprehensive Lifestyle Modification on Diet, Weight, Physical Fitness, and Blood Pressure Control: 18-Month Results of a Randomized Trial. Ann Intern Med 2006; 144: 485-495. R TC (s) PDF (s)
Se calcula que el sedentarismo y las dietas inadecuadas están detrás del 20% de las muertes de EEUU. Por lo tanto, para evitarlas o retrasarlas sería necesario llevar a cabo cambios en el estilo de vida en una amplia proporción de la población. Sin embargo, pocos estudios han intentado comprobar la eficacia de intervenciones que intenten modificar varios estilos de vida simultáneamente.
Comparar los efectos a los 18 meses de dos intervenciones conductuales multicomponente con el consejo sanitario simple sobre el estilo de vida, la presión arterial y la hipertensión.
Tipo de estudio: Ensayo clínico
Área del estudio: Tratamiento
Ámbito del estudio: Comunitario
Se invitó a participar a personas sanas de ≥25 años, que tenían HTA estadio 1 (PA de 120-150/80-95) y que cumplían criterios del Joint National Committee VI para un ensayo de 6 meses de tratamiento no farmacológico. Se excluyó a los pacientes con IMC extremos (<18,5 o >45,0), tratamiento con antihipertensivos o con fármacos que afectasen a la presión arterial o al peso, abuso de alcohol, diabetes o lesión de órgano diana, cáncer y enfermedades cardiovasculares previas.
Los pacientes fueron distribuidos aleatoriamente a recibir las siguientes intervenciones:
Los profesionales que valoraban los resultados de la intervención desconocían a qué grupo habían sido asignados los pacientes. Los pacientes de los grupos de intervención llevaban un diario en el que anotaban la ingesta de sodio y de calorías, así como los minutos de ejercicio.
Las variables de resultado principales fueron la PA a los 6 meses y el estado de hipertenso a los 18 meses, definido como una PA>140/90 o la toma de medicación antihipertensiva. Otras variables analizadas fueron diarios (uno en un día laborable y otro en fin de semana) obtenidos al inicio del estudio, a los 6 y a los 18 meses, el peso, la forma cardiorrespiratoria y el gasto energético por ejercicio físico durante 7 días. Para valorar el cumplimiento de la dieta se utilizó la excreción urinaria en 24 horas de sodio (ingesta de sal) y potasio (ingesta de frutas).
La figura 1 muestra el flujo de los participantes en el estudio. Las diferencias entre los 3 grupos fueron poco importantes. La edad media fue de 50 años y el 62% eran mujeres. El IMC medio fue de 33 y un 65% eran obesos. La PA media fue de 134,9/84,8. El porcentaje de seguimiento de los pacientes fue muy elevado: el 94% a los 18 meses.
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Los dos grupos de intervención presentaron diferencias en el sentido deseado en todas las variables relativas al estilo de vida a los 18 meses, pero no todas resultaron ser estadísticamente significativas (tabla 1). En el grupo intervención+DASH se dio un incremento significativo respecto a los otros grupos del consumo de frutas y verduras, fibra, calcio y lácteos y una reducción del consumo de grasas totales y saturadas y de colesterol.
| A | B | C | Significación estadística | |||
| Consejo | Intervención | B+DASH | B vs A | C vs A | C vs B | |
| Peso (kg) | −1,5 | −3,8 | −4,3 | * | * | |
| Forma física (latidos/min.) | −7,4 | −8,2 | −9,5 | |||
| Actividad física (kcal/kg) | 0,6 | 0,3 | 0,8 | |||
| Excreción Na (mmol/d) | −5,6 | −18,4 | −24,5 | * | * | |
| Excreción K (mmol/d) | −2,5 | 0,2 | 9,6 | * | * | |
Tanto la prevalencia de HTA como las cifras tensionales se redujeron en los 3 grupos. En el grupo intervención+DASH la prevalencia de HTA fue significativamente menor que en el grupo de consejo, mientras que todas las otras comparaciones no alcanzaron la significación (fig. 2). En los pacientes con HTA definida inicial, ambas intervenciones redujeron la probabilidad de tener que iniciar un tratamiento antihipertensivo respecto al consejo.
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La intervención+DASH redujo significativamente la PAS respecto al consejo, pero las diferencias fueron de escasa cuantía (fig. 3). No se detectaron diferencias en la incidencia de efectos adversos.
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Los autores concluyen que los pacientes con HTA estadio 1 pueden llevar a cabo cambios en el estilo de vida múltiples mantenidos al menos 18 meses que mejoran el control de la PA y pueden reducir el riesgo de sufrir enfermedades crónicas.
Ninguno declarado.
Los estilos de vida son el principal determinante de la morbimortalidad en los países desarrollados, en especial aquellos relacionados con las enfermedades cardiovasculares. Todas las guías de práctica clínica sobre el tratamiento de los factores de riesgo cardiovascular incluyen un primer escalón de tratamiento no farmacológico en el que se incluyen medidas como el abandono del tabaquismo, la promoción del ejercicio físico, la reducción del exceso de peso y una dieta cardiosaludable. Sin embargo, estos objetivos son difíciles de conseguir en la práctica clínica habitual. Por este motivo, es una recomendación habitual iniciar los cambios de estilo de vida progresivamente abordando cada uno de ellos sucesivamente.
En este estudio se ha optado por un abordaje integral en el que se ponían en marcha de forma simultánea varios cambios en la dieta y en el ejercicio físico. En este sentido, los resultados del estudio han sido positivos. A los 18 meses, los participantes de los grupos intervención hacían más ejercicio y llevaban a cabo una dieta más cardiosaludable que los pacientes del grupo control (que a su vez también habían cambiado su dieta y su nivel de ejercicio físico en sentido favorable). Sin embargo, la intensidad de la intervención era tan elevada que se encuentra muy lejos de las posibilidades actuales del sistema sanitario público español.
Un resultado inesperado del estudio es que, a pesar de los cambios en el estilo de vida, no se detectaron diferencias estadísticamente significativas en la PA entre las intervenciones estudiadas. A pesar de que el hecho de que los participantes en el mismo eran voluntarios y esto ha podido influir en los buenos resultados observados en el grupo de comparación, también eran voluntarios los pacientes de los grupos de intervención con metas y es probable que las diferencias observadas se deban a las diferencias de eficacia de las intervenciones.
Finalmente, también es llamativo que el grupo intervención al que se había recomendado la dieta DASH (una dieta rica en frutas, verduras y en productos lácteos desnatados) tampoco haya mostrado reducciones significativas de las cifras de PA, puesto que en estudios previos a más corto plazo sí que lo había hecho. Dado que a los 6 meses las diferencias entre los grupos eran superiores, serán necesarios nuevos estudios para aclarar la eficacia de esta dieta a largo plazo.
Manuel Iglesias Rodal. Correo electrónico: mrodal@menta.net.
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